Bugonia: El delirio de Lanthimos como espejo de una humanidad rota

08.12.2025

por Nathalia Olivares 

En un presente donde la verdad parece ser una opción personal y no un hecho fáctico, Yorgos Lanthimos entrega su obra más directa y, paradójicamente, una de las más inquietantes. Con Bugonia, el director griego abandona parcialmente la opulencia victoriana de sus trabajos anteriores para sumergirse en el barro de la era de la posverdad. Adaptando la joya de culto surcoreana Save the Green Planet!, Lanthimos construye una sátira política y existencial sobre el parásito de la desinformación, utilizando el secuestro de una ejecutiva para diseccionar la fragilidad de nuestra psique contemporánea.

El duelo entre el trauma y la opulencia

La película se sostiene sobre el choque tectónico de dos interpretaciones magistrales. Jesse Plemons se consagra como el actor definitivo de su generación al encarnar a Teddy, un hombre marginado cuya soledad ha sido colonizada por algoritmos y teorías conspirativas. Plemons no interpreta a un loco de caricatura; otorga a su personaje una vulnerabilidad tan auténtica que resulta aterradora. Frente a él, Emma Stone ofrece una actuación gélida y minimalista como Michelle, la personificación del poder corporativo. Stone, en una transformación física radical, utiliza su frialdad como un arma de doble filo: ¿es una alienígena infiltrada o simplemente una "girlboss" despojada de cualquier rastro de empatía humana?

La estética de la paranoia

Visualmente, Lanthimos mantiene su pulso impecable, aunque aquí la cámara es menos intrusiva y más observadora. El contraste entre el minimalismo aséptico de las oficinas de Michelle y el desorden febril del refugio de Teddy refleja la fractura social que define nuestra época. El guion de Will Tracy es un asalto directo a las cámaras de eco digitales; muestra cómo la conspiranoia se convierte en el último refugio de quienes, incapaces de entender un sistema capitalista que los devora, prefieren creer en invasiones extraterrestres antes que aceptar su propia irrelevancia social.

Un nihilismo que no da tregua

Fiel a su ADN, Lanthimos no ofrece salidas fáciles. El acto final de Bugonia es un golpe de gracia a la esperanza, un desenlace que ha polarizado a la audiencia pero que resulta coherente con el pesimismo del director. Al final, la cinta nos sugiere que la humanidad prefiere la "comodidad" del delirio antes que la cruda realidad de su propia autodestrucción. Es una obra tan necesaria como incómoda, que posiciona a Lanthimos no solo como un estilista del absurdo, sino como el cronista más lúcido de nuestra locura colectiva.