#Cannes2025 Excesiva y conmovedora: las contradicciones de 'Alpha'

En 2021, Julia Ducournau sacudió los cimientos de Cannes al alzarse con la Palma de Oro por Titane, convirtiéndose en la segunda directora en la historia en obtener el máximo galardón y la primera en lograrlo en solitario. Tras una recepción tan divisoria, no sorprende que Alpha, su nuevo trabajo y uno de los títulos más esperados de esta edición, haya provocado reacciones similares. Sin embargo, incluso ante una crítica que le reprocha no cumplir con las expectativas de sus predecesoras, el cine de Ducournau sigue ofreciendo elementos fascinantes que rescatar.
Alpha se distancia de sus obras anteriores al presentarse como una pieza mucho más introspectiva y menos visceral en su impacto inmediato, aunque persiste en su temática habitual: el cuerpo como metáfora política y emocional.
A través de tomas largas y envolventes, la película nos introduce en una fiesta adolescente donde la cámara se detiene en Alpha, quien se somete a un tatuaje ilegal. Su madre, doctora en el hospital local, reacciona con una angustia comprensible ante la inflamación de la 'A' que ahora adorna el brazo de su hija. Teme un contagio letal por vía sanguínea, una metáfora evidente de la crisis del VIH que sobrevuela todo el relato. Esta presión familiar escala con la llegada de Amin, el hermano de la doctora y tío de Alpha, un hombre casi olvidado por la adolescente que se muda con ellas para lidiar con los síntomas de abstinencia de la heroína y las secuelas de la misma enfermedad.
Ambientada en un entorno atemporal situado entre los años 80 y 90, Alpha examina este pasado reciente con una mezcla de empatía y furia legítima. Aunque la enfermedad mortal en el centro del guion no tiene nombre, el ostracismo que sufren quienes la padecen es inconfundible. Aquí, la sacralización de las víctimas adquiere una connotación literal: en una decisión visual arriesgada y poética, los pacientes terminales se transforman gradualmente en estatuas brillantes, calcificadas e inmortalizadas en mármol.
Es posible que la cinta intente expandirse en demasiadas direcciones o que peque de un exceso de dramatismo por momentos. Sin embargo, logra conmover gracias al profundo desarrollo de sus personajes y a la evidente ternura que la directora siente por ellos. Nada de esto funcionaría sin interpretaciones a la altura, y afortunadamente, su trío protagonista se entrega por completo.
Retomando la temática de la "found family" (familia elegida) ya explorada en Titane, Alpha desarrolla una fascinación cautelosa por Amin, cuyo carácter nervioso y encantadoramente infantil la desafía a aceptar a los demás y, en el proceso, a sí misma. El tercer largometraje de Ducournau es una obra íntima y compleja; una invitación a conservar la ternura en un mundo que se petrifica. Puede que no sea para todos, pero será difícil de olvidar para quienes logramos sentirla.
