#Cannes2025 'La misteriosa mirada del flamenco': Conmovedora ópera prima sobre la familia encontrada

15.05.2025

En un pueblo minero perdido en el norte de Chile, donde el desierto impone su ley de polvo y silencio, florece un oasis improbable: un cabaret regentado por Mama Boa, refugio de mujeres trans —"travestis", como ellas mismas se nombran en coherencia con su tiempo y su contexto— que han construido allí una comunidad luminosa en medio de la intemperie moral. Al cruzar sus puertas, la película estalla en colores, lentejuelas, canciones y carcajadas; un territorio donde la identidad no se esconde, se celebra. Todas adoptan nombres de animales, y entre ellas brilla Flamenco, rubia de piernas infinitas y presencia magnética, madre de Lidia, una niña de once años abandonada una mañana cualquiera y criada entre perfumes, tacones y afectos elegidos.

Es a través de la mirada de Lidia —curiosa, amorosa, todavía ajena al cinismo— que el relato nos introduce en una realidad devastadora: a comienzos de los años ochenta, el VIH/SIDA comienza a expandirse en Chile, envuelto en desinformación y pánico. En el pueblo lo llaman "la peste" y circula el rumor de que se transmite con la mirada, síntoma brutal de la ignorancia que convierte el miedo en violencia. La película captura con delicadeza esa transición entre la fiesta y la amenaza, entre el brillo del escenario y la sombra que avanza. Lo que empieza como un canto a la exuberancia se transforma en una crónica íntima sobre el estigma, sin perder nunca su pulso vital.

La energía queer que atraviesa la cinta evoca las primeras obras de Pedro Almodóvar: melodrama, humor irreverente, personajes larger than life que encuentran dignidad en el exceso. Sin embargo, la propuesta no se limita al homenaje. Hay aquí una mezcla audaz de géneros —del western crepuscular al coming of age, pasando por la comedia negra— que dialoga con el paisaje árido y con la tradición del cine latinoamericano, para convertir la marginalidad en territorio mítico. La "maldición" que atraviesa el relato no es otra que el amor: ese impulso que, aun cuando duele o expone, se vuelve el único antídoto frente al odio.

La película entiende que el amor no es una categoría única, sino un espectro: romántico, platónico, maternal, comunitario. En sus mejores momentos, logra escenas profundamente conmovedoras al explorar cómo la ternura puede convivir con la crueldad y cómo la fragilidad no es sinónimo de debilidad. Enfrenta el prejuicio sin didactismo, apostando por la empatía como gesto político. Y en tiempos donde los discursos de exclusión resurgen con fuerza, su defensa de la comunidad —de la familia elegida como trinchera— resuena con particular urgencia.

Aunque, por momentos, su ambición tonal la vuelve irregular, el conjunto se sostiene gracias a un elenco encantador y comprometido, capaz de habitar tanto la farsa como la tragedia. Se trata de un debut brillante del director chileno Diego Céspedes, quien compite en el Festival de Cannes dentro de la sección Un Certain Regard, además de aspirar a la Caméra d'Or y la Queer Palm. Más allá de los premios, la película confirma la aparición de una voz fresca, audaz y profundamente humana dentro del cine chileno contemporáneo: una que entiende que, incluso en el desierto más árido, la imaginación y el afecto pueden hacer brotar un jardín.