#Cannes2025 'Mission Impossible: The Final Reckoning': Tom Cruise vuelve a salvar el día

15.05.2025

Finalmente está aquí la octava —y, por ahora, última— entrega de la icónica franquicia iniciada en 1996: Mission: Impossible – The Final Reckoning. Sin ser la cima creativa de la saga, la película reafirma por qué muchos consideran a Tom Cruise "la última gran estrella de cine": no solo por su carisma incombustible, sino por su compromiso físico con un espectáculo concebido para la pantalla grande. Como uno de los títulos más esperados del Festival de Cannes, esta "Sentencia final" no convertirá a los detractores de su primera parte, pero ofrece casi tres horas de adrenalina meticulosamente coreografiada y algunas de las secuencias de acción más ambiciosas que ha filmado Cruise.

Donde la película tropieza es en su ansiedad por explicarse. La sobreexposición —flashbacks, recordatorios, diálogos que subrayan lo evidente— termina por ralentizar un arranque que parece no despegar nunca. La nostalgia, motor legítimo en una franquicia con casi tres décadas de historia, se convierte aquí en una carga cuando la dependencia del pasado sustituye la progresión dramática. El guion insiste en recalcar la relevancia de cada pieza del tablero, como si temiera que el espectador olvidara lo que está en juego, y ese didactismo diluye parte de la tensión que la saga solía construir con precisión quirúrgica.

En el fondo, la premisa es más simple de lo que su maraña explicativa sugiere: Ethan Hunt, escondido y fuera del radar, es convocado por la presidenta Sloane (Angela Bassett) para detener a "La Entidad", una inteligencia artificial capaz de desatar el caos nuclear global. La amenaza tecnológica funciona como espejo de ansiedades contemporáneas —la pérdida de control, la manipulación invisible, la guerra despersonalizada—, aunque la película prefiere el vértigo físico a la reflexión política. Ahí es donde encuentra su verdadera identidad: menos tratado sobre la IA y más ballet de riesgo extremo.

El equipo habitual regresa: Luther (Ving Rhames), Benji (Simon Pegg) y Grace (Hayley Atwell), junto a Paris (Pom Klementieff), que roba cada escena con una presencia magnética, y Degas (Greg Tarzan Davis). Como antagonista humano, Gabriel (Esai Morales) aporta una amenaza tangible frente a la abstracción digital de la IA. En papeles secundarios, nombres como Janet McTeer, Holt McCallany y Nick Offerman refuerzan la dimensión institucional del conflicto. El reparto funciona como maquinaria bien aceitada: cada pieza cumple su rol sin eclipsar el centro gravitacional que sigue siendo Cruise.

Y ese centro es, precisamente, el cuerpo del actor convertido en espectáculo. En tiempos de pantallas verdes y dobles digitales, Cruise insiste en el riesgo real como valor diferencial. La película puede extralimitarse en metraje y explicaciones, pero cuando se entrega a la acción pura —persecuciones imposibles, acrobacias aéreas, secuencias al borde de lo suicida— recuerda por qué esta saga redefinió el cine de acción contemporáneo: elevó la proeza física a argumento narrativo.

"Necesito que confíes en mí una última vez", suplica Ethan Hunt. La frase opera como guiño metatextual: no solo interpela a sus aliados, sino al público que ha seguido la franquicia durante casi 30 años. The Final Reckoning no es perfecta, pero sí es un cierre digno —épico, excesivo y profundamente consciente de su legado— para una serie que entendió que el espectáculo, cuando se toma en serio a sí mismo, puede ser todavía un acto de fe colectiva en la sala de cine.