#CANNES26| Historias paralelas: Cuando el exceso de capas asfixia la realidad

15.05.2026

por Nathalia Olivares

Han pasado poco más de una decada desde que Asghar Farhadi se consolidara como el maestro de la tensión doméstica, pero con el estreno de Parallel Tales (Historias Paralelas) en este mayo de 2026, la sensación es de una oportunidad perdida. Lo que debería haber sido un estudio profundo sobre la creación literaria se queda, lamentablemente, en la superficie. Estamos ante el segundo "telefilm" de la temporada que intenta diseccionar la inspiración de una escritora y la difusa frontera entre la realidad y la ficción, pero el resultado palidece en comparación con propuestas similares, como las de Almodóvar, resultando en una obra más básica y reiterativa de lo esperado.

La trama nos presenta a Sylvie, una autora interpretada por una siempre solvente Isabelle Huppert, quien desde su ventana en París observa y manipula las vidas de sus vecinos para alimentar su nueva novela. Farhadi intenta explorar el poder de la imaginación y su impacto en lo real, pero a la propuesta le cuesta insuflar verdadera vida. A pesar de contar con un reparto de primer nivel que incluye a Virginie Efira y Vincent Cassel, la narrativa se siente estancada, incapaz de elevarse por encima de una ejecución que bordea lo mediocre.

El principal problema de la cinta no es la falta de ingenio, sino el exceso de este. Historias Paralelas desborda ideas excelentes sobre el voyeurismo y el choque entre lo vivido y lo inventado; sin embargo, el director parece no saber cuándo detenerse. Farhadi añade capas y más capas de personajes, amplificando los entrelazamientos de forma obsesiva hasta que la estructura se convierte en una forma narrativa monstruosa y agotadora para el espectador, perdiendo la elegancia que definía sus trabajos anteriores.

Visualmente, la película se apoya en el trabajo de Guillaume Deffontaines para crear una atmósfera que remite al Dekalog de Kieślowski, pero sin alcanzar su trascendencia. La puesta en escena es impecable, pero se percibe una frialdad que distancia al público. Los personajes, atrapados en un guion que busca desesperadamente el giro sorprendente, terminan pareciendo piezas de un ajedrez narrativo antes que seres humanos con los que podamos empatizar.

La interpretación de Huppert como Sylvie es, quizá, lo único que mantiene el interés en los momentos más bajos. Su capacidad para encarnar la ambigüedad moral de una autora que "roba" vidas ajenas es notable, especialmente considerando el contexto de las pasadas polémicas de Farhadi sobre la autoría y el plagio. Sin embargo, ni siquiera su presencia logra salvar un guion que se vuelve predecible en su empeño por ser impredecible, cayendo en una reiteración que lastra el ritmo del segundo acto.

A medida que la película avanza hacia su clímax, los hilos se enredan de tal manera que la resolución resulta más un alivio por el fin del metraje que una recompensa intelectual. La delgada línea entre la realidad y la ficción, que en manos de otros directores es un bisturí que corta profundamente, aquí se siente como un juego de espejos desgastado. Farhadi se queda a medias, atrapado en su propia ambición de construir una obra maestra del cine meta-narrativo.

En definitiva, Parallel Tales es una decepción que deja un sabor amargo. Es una construcción de diseño, técnicamente correcta y bien interpretada, pero carente de la chispa vital necesaria para justificar su existencia más allá del ejercicio de estilo. Para un cineasta de la talla de Farhadi, este viaje por los laberintos de la creación se siente como un paso en falso, una estructura excesivamente compleja que termina colapsando bajo su propio peso.

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