#CANNES26 | The Man I Love: El magnetismo de la fragilidad

El cine de Ira Sachs siempre se ha caracterizado por su mirada íntima y desprovista de melodrama efectista. En The Man I Love, coescrita junto a su colaborador habitual Mauricio Zacharias, el director nos traslada a la Nueva York de la década de 1980, en el apogeo de la crisis del SIDA. Sin embargo, lejos de entregar un ejercicio de pura devastación, la película se erige como una carta de amor luminosa y melancólica a una generación que encontró la belleza en mitad de la tormenta.
El alma de la función es Jimmy George, interpretado por un Rami Malek cuya actuación, aunque falible en algunos tramos de intensidad, resulta por momentos exquisita. Malek dota a Jimmy de un magnetismo animal; es un artista atrapado entre dos hombres, suspendido entre la promesa de la fama y la inminencia de la muerte. A su alrededor orbita un ecosistema de fascinación y temor. Desde los comentarios de pasillo que celebran que "se ve mejor", hasta las miradas cargadas de un instinto maternal y asustado de su hermana Brenda (Rebecca Hall), la cinta maneja con maestría la tensión de lo inevitable. Sabemos que la fila de píldoras en su mesa no lo salvará, pero Sachs prefiere estructurar el relato en torno a los destellos de alegría y la urgencia del amor.
Si bien es cierto que por momentos hace falta un mayor desarrollo en los personajes secundarios, quienes a veces parecen gravitar demasiado en torno al protagonista sin un trasfondo propio, se entiende y se justifica la decisión del director. Al mantener ciertas distancias y dejar espacios en blanco en sus historias, Sachs logra que la cinta adquiera una atmósfera mucho más enigmática y poética. No necesitamos saberlo todo de ellos; basta con presenciar el impacto de su presencia. Para el cineasta, Jimmy no tiene por qué ser definido por su enfermedad —la cual, de hecho, nunca se nombra directamente—, recordándonos con sutileza que sobrevivir no es lo mismo que vivir.
El diseño de producción y la ambientación en esa Nueva York que funcionaba como epicentro creativo de la comunidad queer aportan una capa profunda de verdad. La dinámica en el edificio donde Jimmy y Dennis comparten su vida con el grupo de teatro se transforma con la llegada de Vincent (Luther Ford), un joven británico que se muda al piso de abajo. Es en el contraste entre el bullicio de la fiesta y los silencios de la alcoba donde la película encuentra su mayor triunfo.
The Man I Love no busca el llanto fácil, sino retratar el vínculo profundo, la lujuria y la química de un mundo que, incluso bajo la sombra de la tragedia, se negó a dejar de pulsar.
