#CANNES26| The Unknown — La ambición que se ahogó en su propio misterio

24.05.2026

por Nathalia Olivares
 

Tras el rotundo éxito de su drama bélico en japonés Onoda (2021) y de coescribir junto a Justine Triet la aclamada Anatomía de una caída (2023), las expectativas para el tercer largometraje de Arthur Harari eran descomunales. El punto de partida de The Unknown, basado en la novela gráfica de 2024 Le Cas David Zimmerman —creada por el propio director y su hermano Lucas—, tiene todos los ingredientes para atrapar al espectador. Se trata de un thriller psicológico de intercambio de cuerpos ambientado en el París moderno, envuelto desde sus primeros minutos en una atmósfera turbia y enigmática.

La historia arranca con David Zimmerman, interpretado por Niels Schneider, un fotógrafo melancólico que, tras una fiesta de fin de año y un encuentro sexual insípido con una misteriosa mujer a la que da vida Léa Seydoux, amanece atrapado en el cuerpo de ella. A partir de ahí, la película promete una exploración fascinante sobre la identidad, el género y la dolorosa pérdida de control, abriendo un abanico de posibilidades argumentales que lamentablemente se quedan en intenciones.

Sin embargo, el gran pecado de The Unknown es que resulta un ejercicio cinematográfico desmedidamente ambicioso. Se nota desde el primer acto que Harari quiere jugar a un juego narrativo del gato y el ratón, un escondite que desafía las estructuras convencionales de la industria. El gran problema es que esa ambición desmedida termina por diluir el guion en un terreno francamente nebuloso, que promete llevarnos a un clímax revelador pero que al final no llega a ninguna parte.

El ritmo general de la obra se resiente de forma grave debido a una estructura resbaladiza y plagada de flashbacks que, en lugar de aportar la necesaria claridad o tensión, fragmentan el interés del público. Harari intenta transicionar el protagonismo de un personaje a otro en la superficie, pero pierde el timón de la dinámica y del tono de la cinta, dejando al espectador flotando en la incertidumbre de no saber en qué o en quién debe invertir su atención emocional.

A nivel interpretativo, la balanza de esta coproducción francesa de 140 minutos de duración está sumamente desequilibrada por el desempeño de su pareja protagonista. Niels Schneider ofrece una actuación plana, taciturna y huraña que no logra establecer con éxito quién es David antes de la metamorfosis, lo que arruina cualquier intento de empatía previa por parte de la audiencia hacia su crisis existencial.

Por el contrario, Léa Seydoux es quien verdaderamente rescata el metraje del desastre absoluto. Su interpretación inyecta una solidez y una confianza directa que mantienen a flote la producción de Bathysphere y To Be Continued cuando la narrativa decide romper las reglas establecidas. Seydoux se convierte en una suerte de detective de la identidad que aporta los mejores matices del filme, logrando transmitir con destreza la complejidad de un hombre atrapado en una fisionomía femenina.

Visualmente, el trabajo de fotografía de Tom Harari es correcto pero mundano, ofreciendo locaciones de la región parisina voluntariamente poco atractivas que recuerdan de forma vaga al estilo de Jacques Rivette, pero sin su magia característica. Incluso los subtextos de la película, que bien podrían leerse como una parábola trans o una indagación profunda de género, se sienten deshilachados y superficiales conforme avanza el metraje.

En definitiva, The Unknown es el vivo ejemplo de un proyecto que muere bajo el peso de sus propias pretensiones artísticas. Lo que comenzó como un estimulante rompecabezas de cambio de identidades termina convirtiéndose en un ejercicio frustrante donde el misterio y lo turbio se vuelven sinónimos de confusión, firmando así una obra que quiso abarcarlo todo y terminó diluyéndose en la nada.


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