Chase Atlantic en el Movistar Arena: El magnetismo de lo difuso

por Loreto Murga
Tras una década de espera, el debut de Chase Atlantic en Chile no fue simplemente un concierto, sino la validación de un fenómeno de culto que ha crecido al margen de la radio convencional. El trío australiano aterrizó en el Movistar Arena con su «Lost In South America Tour» para saldar una deuda histórica, demostrando que su mezcla de R&B alternativo, trap oscuro y destellos pop punk posee una potencia escénica capaz de llenar cualquier vacío. A pesar de un retraso inicial que solo sirvió para tensar la anticipación de una audiencia eléctrica, la banda irrumpió con una seguridad técnica que dejó claro por qué son los arquitectos de ese sonido narcótico y envolvente que define a una generación.
El espectáculo fue un viaje inmersivo de casi dos horas, donde el diseño de producción jugó un rol fundamental para sostener la narrativa de la banda. El escenario, lejos de ser un mero soporte, se transformó en un ecosistema visual que oscilaba entre la estética difusa y misteriosa de sus inicios y la vibrante agresividad de su reciente placa, LOST IN HEAVEN (2024). Fue en esa transición entre lo etéreo y lo industrial donde Chase Atlantic encontró su mejor versión, logrando que cortes recientes como "Die For Me" convivieran orgánicamente con la nostalgia de su álbum homónimo de 2017 y la experimentación sonora que marcó BEAUTY IN DEATH.
Lo que se vivió en el Movistar Arena sobrepasó los límites de un recital estándar para convertirse en un ritual de catarsis colectiva. La fanaticada chilena, conocida por su intensidad, transformó el recinto en un karaoke masivo donde cada pausa era dinamitada por ovaciones ensordecedoras. No hubo puntos bajos en la entrega vocal; la ejecución fue quirúrgica, permitiendo que himnos como "Swim" y "Slow Down" golpearan con la fuerza de clásicos instantáneos. La banda no solo se limitó a tocar, sino que gestionó la energía del lugar con un encanto natural, haciendo que el formato de mediana capacidad del recinto se sintiera tan abrumador y épico como un estadio a máxima capacidad.
La madurez del trío se hizo evidente en la curaduría del setlist, un recorrido que no dejó pasajes sin visitar y que alcanzó su clímax emocional con "Friends". Entre lágrimas y una promesa de retorno que selló un pacto de lealtad con Santiago, Chase Atlantic demostró que su propuesta no es solo tendencia, sino una fuerza creativa con una densidad artística real. Se fueron del escenario dejando la sensación de que este es solo el primer capítulo de una relación larga y ruidosa con el público nacional. El debut fue impecable: una mezcla de elegancia urbana y distorsión que confirmó que, en el espectro del R&B contemporáneo, ellos dictan sus propias reglas.
