El funeral del neón: Charli xcx se entierra en los páramos de 'Wuthering Heights'

28.02.2026

por Nathalia Olivares

La era BRAT no ha terminado con un fundido a negro, sino con un grito sofocado bajo la turba de Yorkshire. Si el 2024 fue el año en que Charli xcx nos obligó a mirar el mundo a través de un filtro verde ácido y narcisista, este nuevo proyecto inspirado en la obra de Emily Brontë es el contraplano necesario: el paso de la luz estroboscópica a la penumbra de una mansión en ruinas. Charli ha entendido que el verdadero desafío autoral no era seguir expandiendo su imperio en los clubes, sino demostrar que su vanguardia puede sobrevivir en el aislamiento más absoluto.

Wuthering Heights no es un disco de acompañamiento para la gran pantalla; es una declaración de independencia sonora. Mientras la industria esperaba una continuación lógica de su pop hiperactivo, la británica ha decidido "matar" a su personaje público para habitar las obsesiones de Heathcliff y Catherine. Es un ejercicio de travestismo emocional donde la artista ya no canta sobre su lugar en la jerarquía del pop, sino sobre la aterradora disolución de la identidad propia cuando se entrega, sin condiciones, a la voluntad del otro.

La apertura con "House" marca una ruptura violenta con el pasado inmediato. Aquí, los violines no buscan la armonía, sino la disonancia de una cuerda que está a punto de romperse. La inclusión de John Cale no es un adorno de prestigio, sino una invocación al espíritu del art-rock más oscuro. Su voz, recitando sobre la eternidad y la fealdad de lo bello, actúa como el heraldo de una sinfonía del horror que bebe tanto de la literatura gótica como del expresionismo cinematográfico de principios del siglo XX.

Lo que sorprende de esta entrega es la gestión de la tensión. Charli utiliza el "Wall of Sound" como una herramienta cartográfica: muros de ruido blanco y cuerdas procesadas que diseñan un paisaje tan opresivo como el clima de los páramos. No hay espacio para el aire; el oyente es sumergido en una atmósfera densa donde lo instrumental se vuelve orgánico y amenazante. Es pop, pero un pop que ha sufrido una mutación genética, volviéndose monolítico y, por momentos, inabarcable.

En cortes como "Dying for You", Charli logra lo imposible: que el hyperpop se sienta ancestral. Es, sin duda, una de las cumbres de su discografía. Aquí, los ecos de su etapa en True Romance (2013) regresan, pero despojados de la ingenuidad juvenil. La cuerda frotada y los cortes vocales crean un bucle adictivo que funciona como una secuela madura de su vertiente más romántica. Es el sonido de una obsesión digital que ha encontrado su reflejo en un drama decimonónico.

La colaboración con figuras como Joe Keery en "Funny Mouth" desvela una faceta de Charli como curadora de talento que va más allá de las tendencias. La canción es un choque de trenes estético donde la orquesta sinfónica es asaltada por ritmos de percusión metálica que remiten a la experimentación industrial. Es una pieza que parece estar siempre a punto de colapsar, de revelar un error en el sistema, lo cual refuerza esa sensación de que el amor de Brontë es, en realidad, un sistema operativo con un fallo fatal.

A diferencia de otras adaptaciones que se pierden en la pomposidad de la época, Charli se centra en la textura. Su voz, sometida a procesos de distorsión y glitch, se convierte en un instrumento de viento que aúlla entre las colinas de sintetizadores. En "Seeing Things", el piano evoca la vulnerabilidad de las baladas más crudas de Alex G, demostrando que la artista no necesita de grandes fuegos artificiales para transmitir una desolación que resulta casi física al oído.

El álbum también se permite momentos de una épica desmedida. "Chains of Love" y "Always Everywhere" son odas al melodrama que no piden perdón por su intensidad. En un panorama musical dominado por la ironía y el desapego, Charli apuesta por la hipérbole emocional. Es un recordatorio de que el pop, en su estado más puro, es una herramienta para canalizar aquello que el lenguaje cotidiano no alcanza a explicar: el éxtasis del dolor y la belleza del sacrificio.

Sin entrar en comparaciones con la visión de Emerald Fennell, el disco se sostiene por su propia arquitectura emocional. Charli ha capturado la humedad, el agobio y el sudor de la novela de una forma que resulta brutalmente honesta. Ha conseguido que el oyente sienta el frío de la niebla y el calor de la fiebre, construyendo un álbum que es, por encima de todo, una experiencia inmersiva que exige una entrega total por parte de quien lo escucha.

Wuthering Heights es la confirmación de que Charli xcx es la artista más camaleónica de su generación. Ya sea protagonizando películas de Gregg Araki o produciendo bandas sonoras góticas, su capacidad para reinventarse parece no tener límites. Este disco es el testimonio de una creadora que ya no compite con sus contemporáneas, sino con su propia sombra. Al final, nos deja con una certeza inquietante: tras el funeral del ego, lo que queda es una música eterna, oscura y profundamente libre.