Mac DeMarco en el Caupolicán: El Banquete del Jizz Jazz

19.04.2026

por Nathalia Olivares 

La noche que vivimos ayer 18 de abril en el Teatro Caupolicán se siente como el punto de ebullición definitivo para el romance entre Chile y el monarca del slacker rock. Con dos fechas totalmente agotadas, el canadiense no solo vino a tocar; vino a certificar que su imperio indie es inamovible en tierras chilenas, entregando una hora y media de esa mezcla tan suya entre el virtuosismo relajado y la irreverencia absoluta.

Desde el momento en que Mac pisó el escenario de la calle San Diego, la sintonía fue total. No era un concierto convencional; era una reunión de culto donde el "jizz jazz" se apoderó de cada rincón del teatro. El carisma de DeMarco, ese que lo hace parecer un amigo que acaba de bajar de una micro tras una tarde de ensayo, dominó a una audiencia que no solo esperaba sus éxitos, sino también su espontaneidad. El repertorio, casi irretocable, fue el vehículo perfecto para una noche de devoción.

Un coro ensordecedor y la mística del Jizz Jazz

La energía del público chileno alcanzó niveles impresionantes. No se trataba solo de acompañar las letras; los asistentes corearon cada riff de sintetizador y cada línea melódica instrumental con una precisión que, por momentos, lograba encubrir la propia voz del artista. Canciones como "On the Level" y "Heart to Heart" fueron recibidas como himnos generacionales, pero fue en "Salad Days" donde el Caupolicán se transformó en un solo pulmón, demostrando que estos temas son ya parte del ADN de la escena alternativa local.

La interacción fue un espectáculo en sí mismo. Mac, quien nos visita desde 2014, se siente visiblemente como en casa. A petición suya, el teatro entero marcó el ritmo con palmas, creando una base percusiva humana. En uno de los tramos más hilarantes de la noche, el músico se lanzó a bailar mientras su banda sostenía una base rítmica casi brasileña, impulsada por los gritos de la pista. Esa soltura lo llevó incluso a realizar gestos irreverentes como "hacer un plátano" en el escenario, algo que solo un artista con su nivel de complicidad puede ejecutar sin perder el respeto del público.

Vínculos continentales y el tributo a la psicodelia

Esa conexión con el cono sur no es casualidad y se refleja incluso en su alineación, que desde hace unos años cuenta con el guitarrista Pedro Martins. Este vínculo latinoamericano se sintió palpable durante toda la presentación. Entre conversaciones relajadas e improvisaciones que parecían jam sessions de living, Mac transformó el estreno de esta gira en una celebración de la relación construida con sus fans del sur a lo largo de los años, demostrando que su música ha derribado cualquier frontera idiomática.

El equilibrio perfecto entre Guitar y los clásicos eternos

Aunque la noche sirvió para promocionar Guitar, su disco lanzado este 2025 que tuvo una presencia robusta en el setlist, el canadiense supo equilibrar la balanza. Las nuevas composiciones mostraron una madurez sonora que encaja perfectamente con clásicos como "Ode to Viceroy" o "Passing Out Pieces". Fue una exploración de su profundidad discográfica que mantuvo a la audiencia cautivada, moviéndose entre la introspección de sus últimos trabajos y la energía vibrante de sus inicios.

Hacia el cierre, el ambiente se volvió denso y psicodélico. Cuando sonaron los primeros acordes de "Chamber of Reflection", el público se convirtió en un coro hipnótico. Apenas se podía escuchar lo que pasaba en el escenario ante la fuerza de la gente. Fue el peak de la noche, un instante de introspección colectiva que preparó el camino para un cierre donde "My Kind of Woman" terminó por derretir lo que quedaba de la resistencia del público.


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