Pierce The Veil en el Teatro Caupolicán: El refugio incombustible de una generación

por Javiera Alemani
La cita de Pierce The Veil en un Teatro Caupolicán totalmente agotado no fue un ejercicio de nostalgia, sino la confirmación de que el post-hardcore sigue latiendo con una fuerza inusitada. Bajo el marco de su «I Can't Hear You World Tour», los oriundos de San Diego demostraron que, a 18 años de su fundación, su propuesta está lejos de ser un páramo estéril. Al contrario, lo que se vivió el pasado 10 de diciembre fue un ecosistema vibrante donde la vulnerabilidad de las letras de Vic Fuentes se transformó en un escudo colectivo para una audiencia compuesta mayoritariamente por sangre nueva, adolescentes y adultos jóvenes que han encontrado en esta banda su refugio definitivo.
La noche comenzó con una descarga de adrenalina industrial a cargo de HEALTH. Los invitados especiales sorprendieron con un sonido muscular y sobrecogedor que, a pesar de distar del estilo de los anfitriones, capturó la atención mediante una performance oscura y bailable. Con un setlist enfocado en su etapa más reciente y un español fluido por parte de Jake Duzsik, el trío dejó una marca imborrable, especialmente con su versión sintética de "BE QUIET AND DRIVE (FAR AWAY)" de Deftones. Fue el preámbulo perfecto: una dosis de rigor sónico que preparó el terreno para el caos emocional que estaba por desatarse.
Puntual a las 21:00 hrs, Pierce The Veil irrumpió con "Death of an Executioner", desatando una religiosidad instantánea en cada verso coreado. La banda se permitió el lujo de ofrecer su show más extenso en suelo nacional, equilibrando la energía visceral de su último álbum, The Jaws of Life (2023), con rescates históricos de su debut A Flair for the Dramatic (2007). Escuchar por primera vez en Chile piezas como "Wonderless" o "Yeah Boy and Doll Face" fue un regalo para los puristas, demostrando que el grupo no teme mirar hacia atrás mientras sigue empujando los límites de su sonido contemporáneo.
El clímax técnico y emocional llegó con himnos como "Hell Above" y "Emergency Contact". Fue en estos momentos donde la dualidad de la banda brilló con más intensidad: la agresividad de los moshpits conviviendo con la fragilidad de un público que rompía en lágrimas. Pierce The Veil ha logrado algo que pocas bandas de su generación consiguen: mantenerse vigentes sin depender exclusivamente de sus hits del pasado. La conexión fue total cuando Fuentes preguntó quiénes sentían que la música les había salvado la vida, transformando el recinto en un santuario de resiliencia y pertenencia.
Hacia el final, la velada se convirtió en una fiesta de ruido y catarsis. Desde el espíritu festivo de "Circles" hasta la explosión definitiva de "King For A Day", el Teatro Caupolicán vibró bajo una intensidad que nunca decayó. Aunque algunos echaron de menos "Caraphernelia", la ausencia de ciertos clásicos solo reafirma que el catálogo de la banda es tan robusto que ya no cabe en una sola noche. La ejecución fue quirúrgica y la entrega escénica, volcánica; Pierce The Veil no vino a despedirse, vino a reclamar su trono como los arquitectos de una escena que sigue encontrando sentido en sus gritos.
Con la promesa de un pronto regreso, el cuarteto abandonó el escenario dejando la sensación de que su historia está en su punto más alto. Este concierto no fue solo un repaso por casi dos décadas de carrera, sino la prueba de que su música es un ente vivo que muta y se fortalece con cada gira. En un mundo que a veces se siente como el yermo que describen en sus canciones, Pierce The Veil se erige como el retiro necesario, un espacio donde el ruido y la emoción se funden para recordarnos que, mientras haya algo por lo qué gritar, el páramo nunca será tal.
