Princesa Alba en Blondie: El ascenso de la nueva soberana del pop queer

por Loreto Murga
La tarde del domingo 18 de enero, la mística subterránea de la Blondie no fue solo un refugio para la nostalgia, sino el epicentro de una metamorfosis. Princesa Alba no solo dio inicio a su gira de verano; lo que presenciamos fue la cristalización de un proyecto que ha dejado de ser una promesa para convertirse en un estandarte del pop chileno contemporáneo. Tras el impacto de "Gay" en diciembre, Trini regresó al escenario con una propuesta que se siente, por fin, a la altura de su ambición: robusta, técnica y profundamente magnética.
Mucho antes de que el primer acorde retumbara, la atmósfera ya estaba cargada. El grito de "Trini, Trini, Trini" no era solo un llamado, era una declaración de lealtad. Cuando ella finalmente emergió, bañada en el destello dorado de su atuendo, la conexión fue eléctrica. Con "Besitos", Princesa Alba dejó claro que esta nueva etapa viene con refuerzos: una banda en vivo (guitarra y batería) que le otorga un cuerpo orgánico y poderoso a sus beats, y un cuerpo de baile que se mueve bajo su mando absoluto. Su pasado como gimnasta no es un detalle menor; es la columna vertebral de su desplante, permitiéndole ejecutar giros y elevaciones con una precisión física que corta la respiración.
El equilibrio entre el ídolo y la mujer
El show transitó con fluidez por distintos estados anímicos. Pasamos del vértigo de "Acelero" a la catarsis colectiva de "Mi culpa", donde la Blondie se tiñó de un azul eléctrico mientras el público coreaba cada palabra como un himno de desamor. Pero fue en "Hacerte mal" donde la intimidad se volvió protagonista: Trini, sola frente a la lente de una cámara en vivo, rompió la cuarta pared, cantándole directamente a los ojos de cada asistente a través de las pantallas.
El segmento de colaboraciones elevó la temperatura. La aparición de Kuina para "Summer Love" inyectó una dosis de frescura urbana, seguida de una interpretación de "Winter Love" que fue puro fuego: una performance física, de alta carga erótica y una entrega casi animal sobre el escenario.
Vulnerabilidad y vanguardia
El momento más conmovedor ocurrió cuando la música se detuvo para dar paso a la memoria. Visuales de su infancia y familia prepararon el terreno para "Yas Kween" y una versión acústica de "No te gusto más". Ver a la artista emocionada, con una polera sencilla y la voz desnuda, nos recordó que detrás del brillo hay una historia de esfuerzo y convicción.
Sin embargo, el pop es también celebración. La entrada de Javiera Mena para "Amor verdadero" se sintió como el traspaso de una corona, una validación entre dos arquitectas del pop nacional. La barrera entre el ídolo y el fan desapareció por completo cuando Trini bajó del escenario durante "Búscate a otra", fundiéndose en abrazos, firmas y selfies, demostrando que su reinado es, ante todo, cercano.
El cierre de una noche impecable
El tramo final fue una explosión de identidad. Con banderas del orgullo ondeando al ritmo de "Gay" y el descaro rítmico de "Nasty Bitch", el concierto alcanzó su clímax técnico. La sincronización en "Ya no quieres quererme" fue un despliegue de profesionalismo pop de clase mundial, cerrando con la inevitable "Convéncete".
Princesa Alba no solo dio un concierto; entregó un manifiesto. En la Blondie, vimos a una mujer dueña de su cuerpo, de su voz y de su narrativa, dejando claro que este verano no solo será suyo, sino de cualquiera que se atreva a seguirle el paso a una artista que ya no necesita presentación porque su talento habla por sí solo.
